Conocer el cerebro es clave para la felicidad

Conocer el cerebro es fundamental porque en el cerebro esta la clave de todo, del cerebro depende lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hacemos, cómo lo hacemos. De manera que saber cómo funciona ayuda a organizar los pensamientos, educarlos y a decidir ser feliz ya que la felicidad depende únicamente de la actitud de querer serlo, de decidir cómo tiene que ser tú presente y de empezar hoy. Es fundamental conocerse y reconocerse, saber cuales son nuestras virtudes o fortalezas, saber esos aspectos en los que no nos va tan bien y decidir utilizar más tus fortalezas en más circunstancias constantemente. Nacemos con el cerebro y poco lo cuidamos porque esperamos que sean los demás, las circunstancias, el gobierno, el clima... quien lo ponga fácil.
¿Hay que aprender a ser feliz?
Se aprende a ser feliz (la felicidad se aprende). Esta científicamente demostrado que los padres deprimidos, depresivos o poco optimistas hacen o educan hijos pocos optimistas enfocados en aquello que hay en la vida que no está funcionando bien. Los niños aprenden por imitación y lo que nosotros hagamos va a marcar la forma de actuar y de ver la vida de nuestros hijos. Los padres optimistas educan hijos optimistas, hay que educar a los hijos en la idea de que la vida es problemática, la vida no es un eterno parque de atracciones, la vida tiene problemas, afortunadamente, porque para eso sirve la inteligencia para aprender a solucionarlos; para algo sirven las enfermedades, para aprender a cuidar la salud. Pretender que la vida sea una parque de atracciones, es una utopía y es una mentira. La vida está llena de reveses y es bueno que los tenga, porque esos reveses nos dan oportunidad de crecer de mejorar y de avanzar.
Los alimentos también pueden ayudarnos a conseguir la felicidad, si escogemos los alimentos adecuados a parte de que vamos a mantener mejor el peso, vamos a generar que nuestro organismo sintetice determinadas sustancias que nos pueden hacer sentirnos más felices. Por ejemplo el triptófano es un aminoácido esencial con una función muy importante, ya que ayuda a regular los niveles adecuados de serotonina en el cerebro. La serotonina es un poderoso neurotransmisor, que se sintetiza a partir del triptófano, contenido en los alimentos. Por tanto el triptófano es prepulsor de la serotonina que es la hormona de la felicidad. Por ejemplo el pan integral, la miel, etc. contienen triptófano. También el chocolate combate la tristeza, ya que contiene endorfinas y relajantes corporales, contiene ingredientes que estimulan directamente al cerebro y producen una sensación instantánea de bienestar, tranquilidad, placer, felicidad y relajación.
La felicidad influye en la salud de las personas, se ha averiguado que las personas felices viven más tiempo, tienen menos enfermedades y abrazan la vida con una actitud y una disposición que es mucho mejor que la de una persona que se pasa todo el día lamentándose y viviendo en la queja. La felicidad no solamente es deseable sino que además es una herramienta muy importante para abordar la vida tal cual venga. "Conocer el cerebro clave para la felicidad."
conocer el cerebro es clave para la felicidad
Aquí dejamos una entrevista aparecida en un artículo en La razón hace unos días:
El investigador Carlos Belmonte afirma que conocer el cerebro es "crítico" para "introducir" un elemento de felicidad en la sociedad importante, un conocimiento que llegará a ser, cree, del cien por cien, lo que ahondará en la prevención de patologías y cambiará la percepción de conceptos como la libertad.
"Hemos progresado más en los últimos 50 años de lo que se había aprendido en los 10.000 anteriores sobre el cerebro", señala Belmonte en una entrevista con la Agencia EFE, en la que remacha que desde Santiago Ramón y Cajal hasta ahora "ha sido explosivo".
Este investigador, fundador del Instituto de Neurociencias en Alicante y, entre otros, Premio Nacional de Investigación 2008, advierte, no obstante, de la complejidad y heterogeneidad de este órgano, y no se atreve a establecer un porcentaje sobre cuánto se conoce ya del cerebro y cuánto queda por explorar.
Este científico admite que más que miedo a seguir ahondando en el conocimiento del cerebro, lo que existe es miedo a la posible manipulación de ese conocimiento, ya que: "nosotros somos nuestro cerebro y cualquier sistema que modifique el funcionamiento del cerebro cambia profundamente la conducta humana".
En este sentido, Belmonte explica que la manipulación cerebral se puede realizar a través de la estimulación eléctrica, química y genéticamente.
Sobre esto último, afirma que, por ejemplo, la inteligencia general se hereda de los padres y si se manipulan los genes, "lo que hoy en día es posible en ciencia", se podría modificar la expresión de esos genes y consecuentemente el resultado final.
Para este investigador, todo tiene un "profundo componente ético y el gran desafío" del conocimiento del cerebro es el dilema o dilemas éticos que puede plantear.
Sin embargo, Belmonte confía en el criterio de la sociedad, cada vez más basada en el conocimiento, de la que dice ya ha demostrado ser muy sensata.
Según detalla, el 50 por ciento de la prevalencia de las enfermedades en la Unión Europea están vinculadas al cerebro y patologías como la depresión la tiene el 10 por ciento de la población a lo largo de su vida en un momento u otro.
Se trata de enfermedades que producen grandes sufrimientos sociales, familiares e individuales, de ahí la importancia de conocer el cerebro, de "introducir un elemento de felicidad".
Este científico, sin embargo, cree que lo más importante de la investigación cerebral es cómo puede ayudar a entender mejor la conducta humana y "montar una sociedad basada en elementos reales".
"Las posibilidades de que el conocimiento del cerebro cambie algunos valores sociales son muy altas", asevera Belmonte.
Hay determinadas conductas patológicas que están vinculadas a lesiones o mal funcionamiento de zonas del cerebro, por lo que llegar a diagnosticar eso ayuda en las decisiones judiciales.
"Cada vez vamos a ir afinando más, cada vez vamos a poder distinguir más si un cerebro está en funcionamiento anormalmente, lo que será un elemento a tener en cuenta para decidir lo que se hace con esa persona -presunto delincuente- en la sociedad", declara.
En cuanto a la educación en la infancia, Belmonte calcula que en el cerebro hay un 50 por ciento derivado de la base genética y otro 50 que es la suma de diversos elementos, como la presencia de traumatismos o enfermedades.
Insiste en que no le preocupa tanto que se intente mejorar el cerebro más allá de lo que genéticamente se puede, sino "las posibilidades brutales que hay de estropear la herencia genética".
"Los genes tienen un programa y si ese programa se estropea los resultados son funestos", concluye Belmonte, quien cita el déficit alimentario o las conductas violentas como dos de las causas.
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